El rat race

No podía explicar el miedo,

que me consumían las palabras,

las miradas.

 

El ver en los ojos de extraños y no tan extraños,

los ojos críticos que alumbraban las pupilas,

y que me dilataban el corazón.

 

Que me gritaban “¡más!”

Que me decían que no era suficiente,

y que me asustaban al tratar de realizar.

Al tratar de no envejecer entre las angustias

por los sueños que no podría cumplir.

 

Sueños que no había escogido,

sino que habían sido escogidos para mi.

Entre las desilusiones,

en las que se retorcían las entrañas de mi alma,

no existían mas consuelo o remedio,

que tratar de calmar la ansiedad.

 

La ansiedad que provocaba la vida,

por tratar de pertencer.

El mundo en el que nací.

El de ser por vencer.

 

Y aunque corriera de mis miedos,

mis anhelos seguían vivos y gritaban.

Gritaban: “¡Escúchate!, ¡Deja de correr!”

“Deja por un lado lo que no es tuyo”.

 

“Destruye,

esas esperanzas que te bloquean,

Sigue el verdadero arte,

del que tu corazón está hecho.”

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