Gente buena

En un minuto puede cambiar toda nuestra percepción hacia la vida.

Hacía algunos días me encontraba en una situación mental en la que finalmente había decidido que por regla general la gente era “mala”. Quizás mala no era el término, sino más bien que las intenciones de las personas era lograr sus propios objetivos sin considerar el daño que podían ocasionar. Al ser una persona ingenua y hasta cierto punto inocente, no era raro que la gente se aprovechara de mi y que yo hubiera creado una barrera contra el mundo.

Y mientras estaba ya con esa mentalidad, en la que mi cuerpo y alma se habían cerrado completamente a no esperar “nada”, fue cuando me senté en mi ambiente laboral y pude observar de lejos a las personas. Sin interactuar, solo observaba. Y miraba  como las personas una vez más “cumplían esa regla” como algo natural.

Pero mientras observaba, vi de lejos como alguien “trataba” de ser bueno en una situación hostil.  Realmente esta persona se esmeraba por mantener una actitud positiva y era muy agradable y abierta a lo que decía, daba “lo mejor de sí”. Y pensé: “hmm, ok, esto es extraño”.

Con esta persona en mente, y mientras divagaba, admiraba, y trataba de desifrar su forma de ser, fue cuando noté a otra persona con esas mismas características. En mi mente dije: “Bueno, ya son dos”. Pero luego al pasar los días y estando más al tanto de estas situaciones empecé a detectar y ver más gente “buena”.

Y fue a travez de estos pequeños instantes durante los días, que me di cuenta que mi regla no era la correcta. No era que todas las personas fueran “malas”. Lo que sucedía era que habían diferentes tipos de personas y yo no las había logrado “identificar”.

Me percaté que había  gente que tiene bondad y otras personas que no, y me percaté que eso no tenía nada que ver con su  posición social, etnia o cultura. Y lo más importante, ¡Que no tenía nada que ver conmigo!  Estas personas no eran hostiles “hacia mi”, simplemente ya eran hostiles. Y aprendí que, la forma en la que las personas interactúan hacia mi a primera instancia, no tiene que ver conmigo, sino con ellos. Ya sea un acto bueno o malo.  (Cómo reaccionamos, es lo que tiene que ver con nosotros.)

Con esto, me di cuenta que hay dos tipos de personas: las que se esfuerzan por se bondadosas y correctas, y las que realmente solo viven con miedo y a la defensiva.  Porque creo que ser bueno y feliz requiere un esfuerzo, y ser incorrecto y estar triste o enjoado es fácil.

Y son estas personas, que toman la decisión de abrirse, ser vulnerables y fuertes, las que tienen la oportunidad de eventualmente encontrar a otras personas en su misma sintonía. Es decir, tener el beneficio de la duda en cada encuentro y pensar que las intenciones son buenas, luego te percatas si esa persona tiene otras intenciones.

La mejor receta: abrirse y conocer antes de juzgar. Si no te conviene, te alejas y si sí, descubres más personas que son bien intencionadas. Porque para rodearse de personas bien intencionadas, hay que ser vulnerables y estar abiertos a la posiblidad de que existen.  Si  nos cerramos y pensamos que todo el mundo es hostil, negamos a las buenas personas y no les damos la oportunidad de expresarse con nosotros.

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