Juzgar

Hace poco me percaté, (y digo esto con un poco de vergüenza) lo mucho que juzgaba. No solo de  forma consciente sino también en las formas más sutiles (pensmientos sobre todo). De forma tán sutil que se había vuelto un hábito. Como decía Warren Buffet “The chains of habit are too light to be felt until they are too heavy to be broken.” Y es que, consideremos en todas las formas que juzgamos. Porque no hablo de las veces más obvias como criticar un vestido, sino hablo de las pequeñas formas sutiles, como los pensamientos.

Por ejemplo: pensar o asumir (sin decirlo) que la pareja de una amiga no es suficiente para nuestra amiga, es un juicio de la forma que yo lo veo. Algunos le llamarán observación, pero sigue teniendo una especie de subjetividad. No lo se, porque a veces yo misma me confundo en mis propios pensamientos, pero he descubierto todas las veces que mi cabeza emite esta “subjetividad” hacia echos externos e internos, es decir a mi misma. Si juzgamos, lo hacemor parejo. Me he percatado que las personas menos juiciosas a los demás también son menos juiciosas a sí mismas y por ende más libres.

Y como amo enumerar las cosas, encontré 3 razones:

  1. Para ser completamente sincera, juzgar a los demás era algo que no me importaba. Era una especie de distracción y diversión. Es muy entretenido hablar mal de los demás.  Pero luego me di cuenta que juzgar a los demás era dañino para quien juzgaba, no para el que era juzgado, (asumiendo que el juzgado no escucha su crítica). Y no es que yo crea en una energía mágica o una especie de karma como un ente externo a mi. Es simplemente que se percibe una especie de peso en esas palabras negativas, que son emitidas de mi. Es como si emitiera una especie de energía negra. Y esa energía no era buena para mi, se quedaba en mi cuerpo como enfermedad.
  2. Otra razón es, que no solo se trata de esa “energía” dañina que uno produce, sino además el echo que nos estamos enfocando en los demás en vez de nosotoros mismos. Cómo percibimos las cosas dice más de nosotros mismos que de las “cosas per sé”. Y en vez de cambiar aquellas cosas nuestras que nos molestan, simplemente las justificamos al tratar de ver errores en los demás. Yo no se, pero a mi no me importa si los demás quieren mejorar o no, la que se quiere mejorar soy yo. Y veo que es una pérdidad de tiempo para mi creciemiento personal estar juzgando.
  3. La tercera razón es que resulta limitante. Creo que el juicio es algo aprendido. Un ejemplo: Si escuchamos toda nuestra vida que el café es un color de “tontos” empezamos a juzgar a todos los que usan el “café” como “tontos”. Pero resulta quizás que  el color café sienta bien en nuestra piel. Sin embargo nos limitamos a no usarlo porque estamos juzgando.

Juzgar es algo que aprendemos, eso es lo más importante. No es algo con lo que nacemos. Darnos cuenta del daño que nos produce es razón suficiente para dejarlo. Lo más irónico es que lo hemos echo durante tanto tiempo que se vuelve un hábito invisible. Pero mi pregunta es la siguiente: ¿Cómo sería nuestra vida si no tuvieramos juicio alguno? Sin juzgar a los demás y sobre todo sin juzgarnos a nosotros mismos…

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